Everyone

A2_U-for-Everyone_562x375By: Michael Sixto

“I am nothing, I am nothing” she keeps telling me while I play with her curly hair. We are both naked in the middle of the park and the grass is soft and wet, and surprisingly warm. We have no excuse to escape, that’s why we stay still listening to each other’s heart bits, like the sad pictures of the past. “I am nothing” The eco of her voice digs a hole in my brains, but I am not angry. I perfectly understand madness. I tell her that the pain will go away. It always does, one way or another we manage to find the way out, the source. Many people start to arrive intoxicated by her chant. Intrigued, their nude bodies surround us in a soft cuddle that grows by the second. She smiles. Not a single word is heard after that, never again.

Lo irónico

Por Michael Sixto

Solo para demostrar su punto, el poeta no escribió de gente triste y profunda aquel día. Su historia, por vez primera, contaba con un final feliz. Ya saben, uno de esos dulzones de telenovela. Esperó el tiempo prudente y nada. La gente no parecía reaccionar. Le preguntó a su novia y ella, con indiferencia le dijo: “Sí, me gustó, esta bonito, me pareció raro que no hubieras maWritersBlock_32632152_XS-300x297tado a nadie” ¿Bonito? El poeta estaba enfurecido y rabioso. Contrario a lo que había imaginado, las personas no lo llamaron cursi, ni fresita, ni presuntuoso.  Al contrario, su historia había sido un éxito rotundo no solo entre su círculo de amigos sino a nivel mundial. Como uno de esos videos de gatos de You Tube su escrito había alcanzado la deseada categoría de Viral y muy pronto varias ofertas llegaron para comprar los derechos de autor. Prestigiosos cineastas comenzaron a contactarle y editoriales que poco tiempo antes le habían ignorado, de repente le querían publicar rechazados manuscritos. El poeta era una celebridad. La furia y la rabia se transformaron en incredulidad, orgullo… satisfacción. Insípidas versiones de aquel primer bestseller  inundaron el mercado y el poeta se transformó en todo un empresario. Tiempo después el poeta tenía tanto dinero que ya no necesitaba escribir. Un equipo de Ghostwriters le ponía su nombre a cada historia de final feliz que en manadas la gente salía a comprar. Pero en las noches, cuando se sentía solo y descubría anuncios de sus libros en la televisión, el poeta se sentaba en su antiguo escritorio… y continuaba escribiendo de gente triste y profunda.