El matador

Por Michael Sixto

El matador le dicen. Tiene un par de botas altas de cuero duro que a veces le hacen ampollas en los pies. El matador le dicen y él sonríe siempre como agradeciendo. El nombre no le hace justicia porquronda_1e él no es un matador, si acaso un aprendiz de novillero. La cara la tiene blanquísima y las manos grandes y fuertes como su padre, de ahí le viene el apodo que él respeta pero no le gusta. Hoy es su cumpleaños y algunos lo han recordado, otros no; siempre sucede así; como las mareas que llegan, embarran un poco y desaparecen. Por la calle sombría camina despacio. La plaza de toros ha quedado detrás y la algarabía se ha tornado silencio mudo. La noche es cálida como sus manos inmensas que intentan agarrar en vano pasos gastados de ayer. El matador se quita las botas de un tirón. La sangre vieja le ha manchado los pies de un rojo que ya no es rojo. Con rabia las tira tan lejos como puede. Allá, al otro lado de la calle las ve reposar y el cuero duro ha hecho un estruendo al tocar la acera. Descalzo continúa caminado. El matador le dicen, pero mañana quizás no más.

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