Gritos

Por Michael Sixto

Los gritos llegan desde lejos en un augurio pospuesto. No me asusto, pero estoy alerta. Es sencillo muchacho- me dice una anciana detrás del cristal. Son días de lluvia y zozobra, son días de andar. Un enorme campo verde se asombras-de-lluvia-wallpapers_9059_1920x1200bre ante los ojos y no lo puedo creer. Me dispongo a transitarlo aunque no pueda hoy arribar a destino alguno en este torrencial aguacero. Hay quien grita allá, hay quien escucha el eco acá. Como perros ladrando en la noche nos comunicamos. Y a todos nos parece la única opción, aun cuando unos se quedan y pocos decidimos escaparnos. Los edificios desfigurados se caen a pedazos; la lluvia les arranca el alma que es todo lo que les va quedando, pero aquí no hay enemigo. Mas bien todos corremos en la misma rueda de hámster. Seguro desde arriba alguien nos mira y se ríe a carcajadas. ¿Lo inevitable? Quizás. Cuando salga el sol, si es que sucede otra vez, las calles se irán secando y por unas horas, por unas horas solamente, todo permanecerá tranquilo y consistentemente pulcro. La fresca brisa nos hará recordar la tormenta pasada regalándonos una sonrisa de satisfacción. Muchos regresarán intoxicados de vida creyendo que lo peor ya pasó, entre ellos yo. Entonces los gritos llegarán una vez más porque la lluvia no pudo silenciarlos y como la historia sin fin nos quedaremos en nuestros sitios… aunque inútilmente intentemos dispersarnos.

Los Otros

Por Michael Sixto

otros

Picture by Dani Colston  www.danicolston.com

Hubiera sido más fácil sucumbir al caos, terminar en el fondo junto con los otros. A fin de cuentas no había muchas manos tirando de la cuerda ni rostros vencidos reclamando una respuesta. A veces, solo a veces esas cosas pesan. Hay un ave dormida debajo de la cama y un cuerpo inerte sobre ella. Mi hija sonríe sin hablar y su mundo crece aceleradamente.  Entonces pienso en la cuerda. Mañana será otro día y en veinte años no recordaré este. Imágenes que pasan como el carrusel dando vueltas. Luces intermitentes que invitan al descuido. Pero no podemos. No hoy. Las fachadas de los edificios son amarillas y pintadas con despreocupación porque alguien dijo que había que hacerlo. Alguien siempre dice qué hacer y entonces hacemos. Los que no hacen y no escuchan terminan en el fondo. Esos son los otros. A veces quisiera ser como ellos. Solo a veces.