Llegar temprano

Por Michael Sixto

Unos llegan temmasesprano para aseverar la ilusión de lo seguro, otros aparecen después, cuando ya da igual… otros tantos ni siquiera se molestan en asistir. Son estas opciones las que nos mantienen en movimiento, capaces de crear, o no. Aun así somos una minoría, un pequeñísimo destello de lo “inevitable” que pasa y se va. Los pesimistas tratan de olvidar negando la negación y se defienden aislados de las masas. Las masas, por definición, viven optimistas de que el cambio vendrá para mejorar lo tantas veces pospuesto… la vida. Al final es una batalla de números y la mayoría decidirá. ¿Democracia? ¡Claro que no!  La mayoría muy pocas veces ha decidido y las escasas ocasiones en que ha parecido de esa manera, detrás han estado los grandes intereses de una ínfima minoría con los recursos suficientes para manipular. Igual hay muchos que llegan temprano convencidos de que el cambio es eminente. Otros llegan, tu sabes, por si acaso… y esos que ni siquiera aparecen son los que ya se han dado por vencidos. Los derrotados que antes en vano lucharon y a ningún sitio arribaron. A esos les da igual, al menos de boca para afuera. Por dentro, en silencio, callados esperan incluso cuando no se molestan en asistir.

Zaratustra

Por Michael Sixto

Por una eternidad los poetas han mentido. Zaratustra bien lo sabe. Prisioneros de sus frustraciones han intentado “protegernos” como a niños en un mundo de cartón. Así hemos crecido: defectuosos y dependientes de palabras suamascarasves y caricias quiméricas, como falsos profetas en los días del final. Sin saber quizás nos negaron el esfuerzo, la rabia, la tentación de tocar el fondo, de ver lo muerto, de palpar la mugre… lo desconocido. Narcisistas y egocéntricos; para saciar su sed de belleza y exquisitez nos han creado. Los poetas creen que pueden hacernos callar ahora que conocemos la verdad. Pero es muy tarde ya. Los sonetos y la luna llena no nos pueden comprar. Como perros enjaulados saltamos afuera buscando el dolor, raspando las paredes hasta sangrar. Queremos sentir como ellos sienten. Queremos llorar como ellos lloran. Queremos morir como ellos mueren. La perfección nos asfixia y por vez primera queremos respirar. Los poetas saben que es el fin. Su macabro engendro de enmascarar la realidad con dulzonas palabras no ha resultado. Finalmente hemos despertado y queremos, todos, escribir también las historias que desde hace mucho nos han venido contando. Por una eternidad los poetas han mentido. Por una eternidad los poetas hemos sido nosotros.