Autodeterminación

Por Michael Sixto

Dices que me quejo demasiado, que soy negativo, que tengo una errónea visión de la vida. El cinismo de estar vivo en tiempos como estos, creo. Intento olvidar mis razones, como hacen todos. Salir con la máscara a la calle y sonreír, sonreír todo el tiempo y preguntar ¿Cómo estás? Sin esperar respuesta alguna. Trato tan fuerte que a veces logro impresionar a mi imagen en el espejo cuando me les uno en las mañajuventud-autodeterminacionnas a esos que “luchan” por llegar. Hago un recuento de mis posiciones, de mis logros, de mis batallas ganadas y acumuladas. Me dan muchas ganas de correr afuera y llorar,
y gritar y perderme para siempre entre las multitudes que se apolisman como pescados atrapados ya en la red. Te digo todo esto ya casi en retirada, con un tímido y oblicuo cuestionamiento de mis propias capacidades. Te lo digo y se me pone la cara colorada como si tuviera 12 años otra vez. Pero no me escuchas. Ahí, perdida en el teléfono celular repites en tono de comentario el post que acabas de leer. Ojalá pudiera culparte solamente a ti de estos sentimientos que llevo apretados en el pecho. Ojalá tuviera respuestas o al menos el valor de dejar de lamentarme sin pensar ya nunca más. Pero sigo aquí, tú a mi lado, o no, con la pesadez en la mirada de ese que sabe lo que se avecina pero nada puede hacer. Ese que ya se ha dado por vencido y simplemente espera… o se queja en su “errónea” visión de la vida.