Círculos

 

Papalote y HombreAyer en la tarde cayó desplomado un papalote en el patio trasero de la casa. Me encontraba en la cocina mirando a través de la ventana cuando lo vi pasar. Enredado entre las matas de rosas lo encontré; intacto y sin siquiera un rasguño en el suave papel rojo intenso. Por dos horas esperé  sentado en la terraza con la esperanza de ver llegar un niño en su reclamo. Nadie apareció. Hoy me desperté temprano y fui hasta el parque. Pregunté a los muchachos de las patinetas y las canicas si sabían de alguien que hubiera perdido su papalote. Nadie me supo decir. Caminé un poco más adentrándome en la ciudad hasta el jardín donde se sientan los ancianos. “Aquí no empinan papalotes porque hay muchos cables” me dijeron señalando a los postes de electricidad y seguí caminando. Recordé entonces que tres cuadras más adelante había un placer vacío donde a veces jugaban pelota los chicos de la secundaria. Pero no había nadie. De camino a casa entré por casa de Manolo, un buen amigo de la adolescencia que ya estaba retirado y pasaba todo el día ahora sentado en el portal tomando fresco. “Préstame tu carrete de hilo de pescar” le dije desde la acera. “¿Eh y eso? En esta época no pica nada en el río” me contestó sin vacilar. “No, si no pienso pescar… hoy vamos a empinar papalote.”