I wish I could

I bought a new book a few weeks ago and I have read just 2 pages. Maybe I have too much going on; at least that’s what I tell peopltoo-much-going-on (1)e. After repeating it so much I started to believe it myself. I tell my wife “I wish I could win the lotto, so I don’t have to work anymore” maybe then I will have time to read. But I know that will never happen, so I look at the book and take a big breath. My eyes are closing and the rain outside does not help. The rain always comes back and the cold breeze brings not only chills, but also the memories of a time long time gone. “You can’t have everything in life you know” she says while circling her opened arms around the room. I wish I could, I think to myself mumbling a grin. Then the morning comes again. The rain it’s gone, but promising to come back in the afternoon. I look at the book again while searching my wallet. I find 2 dollars. I put them inside the marked page in the book and leave the house with a big smile.

10:32 am, at a conference room

“[…] there is no such a thing as luck. I’ve done all of this by

Donald the dickmyself; I’ve had no help from nobody.

If you can’t get here is probably because you don’t deserve it or don’t have what it takes…

probably don’t work as hard as I do… right?”

The room remained in silence, most faces of the about twelve people witnessing the speech, stared at the man confused and expressionless, petrified perhaps.

“Am I right…?”

Finally someone opened the door and slammed it on his way out. A few others followed without pronouncing a word. Finally a shy, almost imperceptible voice asked; “So… does that mean Sr. that we are all fired…?”

Mientras te descubro

 

Hollywood Beach FL

Te gusta hablar de cosas menores, olvidar el pasado, tomar café en las tardes. Te gusta el silencio y el sonido del viento. Te gustan muchas cosas, pero he de ir descubriéndolas lentamente, un día a la vez. Nos acomodamos en el sofá tarde ya en la noche y la bruma de la semana que ha pasado rápidamente desechamos al olvido. Tenemos muchas cosas ahora, materiales digo, muchas más que hace una vida atrás pero no queremos recordar. Respiramos hondo como agradeciendo. Acaricio tu rostro proyectado en la pared a través de la lámpara de noche. Sonríes, regresas, nos encontramos de vuelta. Cuando amanezca iremos a ver el mar, te susurro al oído, y sonríes otra vez. Veinte años pasan y los niños se hacen grandes, justo como nosotros un día fuimos. Pudiera ser triste si quisiéramos, pero te gusta olvidar, hablar de cosas menores y tomar café en las tardes. Y así pasa otra semana… lentamente mientras te descubro.

Aparente sentido de las cosas

 

Inspirado por Invisibles triángulos de muerte

Con Cuba en la memoria libro de Felipe Lázaro

 

A veces sueño cosas extrañas que no tienen sentido aparente. Recuerdos de mi niñez se mezclan con recuerdos de hoy y personajes diferentes se entrelazan como creando historias. Antes de dormir me leo el libro de un amigo en el que rememora su infancia en una Isla que luce en palabras como otra Isla.

 

1956 Ford F150Me da tristeza y volteo las páginas con ganas de tropezarme con huellas distintas. La tristeza se va transformando en rabia, casi en dolor… entonces recuerdo a mi abuelo. Su noble semblante me viene a la mente y le descubro allí, sentado en su sillón del portal, en un sitio donde ya nada tenía cuando yo nací. Un sitio donde un día le habían despojado de todo lo que había construido por una vida… mas él no dejaba de sonreír. Y me revelo así, perdido en esos regueros de instantes que se acumulan, preguntándole “¿y de qué color era el pick-up papa?” refiriéndome a la camioneta Ford F150 que había tenido que vender porque no tenía llantas para ponerle y se estaba casi pudriendo debajo de la ceiba. Pero esas historias del después a mí no me gustaban. Yo prefería aquellas de anuncios de Coca Cola en las bodegas, de concesionarios con autos nuevos… de realidades irreales que solo descubrí existían mucho tiempo después, cuando ya la Isla quedaba atrás, como otro recuerdo más… allí, junto con la memoria de mi abuelo riendo aunque ya no tuviera nada.

Retomo el libro de mi amigo y una lágrima se me escapa casi sin darme cuenta. Sus recuerdos del 58” son ahora también los míos del 98” y los de mi abuelo comprando su reluciente pick-up con los ahorros de vender leche a caballo por más de 10 años. Y somos todos una misma cosa; entonces ya no estoy tan triste. Cuando cierro los ojos finalmente comienzo a soñar cosas extrañas que no tienen sentido aparente.

 

 

 

Vacaciones de fin de año

[…] Recuerda la camisita planchada, el poquito de perfume de ponerse solo los domingos, los

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zapatos de suela ya gastada pero limpios y lustrosos; recuerda el rostro de su abuelo y recuerda el mar.

Y es que esa suerte de isleño se lleva rara por dentro en días de lluvia y frío cuando a nadie se le ocurriría ir a la playa. “A mí no me gusta la playa, me gusta el mar” decía siempre antes de despedirse el día antes de salir de vacaciones de fin de año y sus amigos de la escuela lo miraban como a un bicho raro. “… Por eso mi abuelo me lleva en diciembre.” Y ahí aparecían ansiosos, como a la espera, la camisita de rayas azules que tanto le gustaba, los pantalones de corduroy marrón y los zapatos de suela gastada, pero inmaculadamente limpios y brillosos, perfectamente alineados sobre la cama. Una hora después emergía el anciano de semblante caído pero ojos nobles y alegres y le preguntaba si estaba listo. “Desde que amaneció” contestaba él y salían tomados de la mano a la parada a esperar la guagua. El viaje tardaba más de dos horas y como tres cambios de autobuses, pero él disfrutaba cada segundo mirando siempre por las ventanillas abiertas. El aire ya había dejado de ser pegajoso y húmedo hacía semanas y se recibía en el rostro con ganas atrasadas. El olor a salitre inundaba todo y el gris verdoso del mar medio perdido aun en el horizonte crecía a medida que se iban imbuyendo arena adentro. Tomados de la mano aún, se sentaban abuelo y nieto a ver las olas romper arrastrando marchitas algas marinas. Y la playa se iba trasformando, solo para ellos… en mar.

November breeze

 

SONY DSCI take a deep breath and close my eyes for just half of a second. The November breeze comes in thru the opened car window a little colder than the day before. It’s a shame I am heading to work, because I really feel like keep on driving while listening to the wind’s symphony caressing my face.  This time of year always brings me back to when I was a boy and time was going a lot slower. I remember the kids at home and I almost feel sad looking at their optimism towards life and the future, but I am glad they are happy. I am glad they believe on the picture I draw for them like the dad that knows everything. Sometimes, just sometimes, this inexplicable desire of pausing the moment grows so big that I nearly delete all of the smoke from inside my head. When I get to work I open a blank page on a word document and I write a sentence, then another one. The first paragraph connects to the next one and an hour later the phone rings. I realize I haven’t checked my emails and 3 people are waiting for me. The cursor blinks asking for more words. I look out through the window and I can almost feel the breeze outside. I save what I wrote and send it to my email. On my way out I excuse myself with the secretary. “Please tell them I had an emergency… I need to go home”

I take a deep breath and close my eyes for just half of a second. The November breeze comes in thru the opened car window a little colder than the day before.

 

Reglas

Debemos serRules prácticos y hacer uso del tiempo adecuadamente. Debemos usar zapatos cómodos aunque no estén de moda. Debemos alimentarnos bien y además tomar abundante agua. Debemos, debemos, debemos… imaginar muchas cosas. Lo que no tiene sentido ahora quizás mañana pueda cambiar. Crecemos con cada segundo vivido. Debemos ser fuertes, no tener miedo, decir la verdad y afrontar las consecuencias de nuestras acciones. Debemos querer a nuestros amigos, hablarles al menos una vez por semana; juntarnos al menos una vez al mes para hablar del pasado y de cuando éramos más jóvenes. Son las reglas lo único que nos separa de otros animales. Debemos ser prudentes, juiciosos, precavidos. Debemos hacer silencio, gritar y expresar sentimientos cuando toque también. Debemos luchar (casi siempre cuando nos obliguen hombres más poderosos que nosotros) por grandes causas o por causas pequeñas, mas hemos de luchar. Debemos odiarnos, amarnos, tener sexo, emigrar y hasta, un día, debemos morir. Que no haya objeción al respecto, de lo contrario el mundo estaría de patas al revés, aunque, pensándolo bien… deberíamos asimismo experimentar otras posibilidades.

Bárbara

 

Peeling-the-Orange-Me dice que le gustan muchas cosas: Los relojes de cucú, las naranjas, los lirios, los autos de colores, las madrugadas frías… el helado de chocolate. Los domingos se escapa sigilosa a esa parte de la ciudad donde se pueden ver los aviones aterrizar. Ahí se queda por horas, luego regresa y sonríe. Conversamos desde la distancia cada cual en lo suyo; desempolvando unos libros, hurgando recuerdos en cajones olvidados… temerosos de lo incierto conversamos. Su nombre es fuerte como ella un día fue. Me dice que le gustan muchas cosas: los amaneceres, las botas de cuero, la lluvia en las tardes, las faldas cortas que ya no puede usar… los regalos de cumpleaños. En las noches nos acurrucamos queriéndonos mucho sin siquiera saberlo. Hoy han venido nuestros hijos a visitarnos pero ella no está. Tres horas más tarde aparece con naranjas en las manos. Meticulosamente las corta en tajadas y las sirve en una bandeja de plástico. Los hijos ya son grandes, tan grandes que duele verles llegar, un poco más verles partir. Otro día se escurre casi sin pedir permiso mientras nos vamos acostumbrando a la idea de sabernos. La casa es muy amplia ahora y huele a domingo todo el tiempo.  Y así, cuando el silencio se hace insoportable… enumera entonces todas esas cosas que le gustan.

 

Lifetime

She had a Blue hair elderly womanpart-time job as a clown. In the afternoons and during weekends she attended private parties and birthdays entertaining mostly children. Her hair was blue, but naturally red. She was a ginger kid but had no freckles. That helped growing up. She went to college, but never graduated. Her major was social studies. She didn’t know what she wanted to do, but loved children and from time to time was told she could be really funny. The clown thing was not her idea. A room-mate from school talked her into it and she started to like it. Her costume was pink and purple with big round pocket dots. She never married. She had no kids. Her lover’s name was Fernando. He was raised Jewish and his parents were from New Zealand. He never said much, but when pronouncing his name he always did it with a thick Latin accent even thought he was a pale white boy. She had a cat and a bike and a pair of Nikes from another time. She might have looked sad from the distance, but she wasn’t. Purposeless as she might seem, she was the happiest person I’ve ever known. She died on a Sunday afternoon. Her funeral was attended by thousands of people, mostly children holding blue and red balloons.

Confession

counseling-a-friendBy Michael Sixto

I have something to tell you. I have to do it because I am sure that one day we will all be judged, not by a higher power, but by ourselves and those who happen to know us; you. Some people will tell you great things and will try to remember the good in me, others will say nothing. Truth is that we make decisions and follow the route hoping is the right path, just to look back years later and find with a nostalgic eye what was done. Piles of old photographs reveal the smiles, the hopes and the fears when we still were young laughing at Time during moments in which just that was all we had; time. Now there is no second chance to amend “mistakes” and in vain we tried to convince ourselves that it was all good, even during bad periods. I have something to tell you that I have never said before. And I know this confession come at a difficult hour, but I am sure you’ll be able to forgive me. Are you ready to listen…?